miércoles, 9 de julio de 2008
Un no muy triste final.
Era este un invierno como cualquiera, un poco mas atarareado quizas, pero normal. Interrumpió en su vida como si nada importara, almenos eso creía ella. Para ella era fantástico, para el, un pasatiempo mas, para ella, cosas nuevas, para el, no perder la práctica. Ella construye un castillo de princesas. Conoció eso que llaman color de rosa. Sutilmente él le hizo ver que no quería vivir precisamente en aquel castillo, y ella continuó ingenuamente insitiendo en que podía quedarse de allegado en el castillo mientras se decidía ha vivir en el. El aceptó solo por cruel curiosidad, aquella que invade de vez en cuando nuestras almas, ella veia la salvación en sus brazos y continuó hermoseando su castillo. Ella salió un día a pasear al pueblo y escuchó lo que las miles de cartas que habian llegado a su puerta decían pero que ella no quizo leer en ese tiempo, pues estaba muy ocupada hermoseando su nueva construcción; lo que las voces del pueblo comentaban era de como él frecuentaba otros castillo; ella hizo oidos sordos y no le importó lo que la gente opinó. El volvió cada vez menos al castillo, ella pensaba cada vez mas en lo que oía. Ella sintió pena, rabia y por sobretodo desilución, pero él se lo habia advertido sutílmente. Ella vive aún en su castillo, pero no le espera cada día impaciente. Ella conserva en una inmensa cajita de recuerdos, solo con un recuerdo de aquel tiempo rosa.
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