Ahora que está todo bien, puedo mirar al frente y sonreír. La vida me dio una oportunidad, de darme cuenta que no estaba todo bien, que era normal y de saber que quería salir de ese hoyo. Y es que tenía tanto miedo, tanto miedo de quedarme ahí para siempre. El día en que me senté frente al sicólogo y logré articular esa frase, me liberé, lo saqué de adentro para poder cambiar de raíz, el día en que le confesé mi miedo de "despertar un día sin ganas de seguir" fue cuando todo cambió. Y es que desde ahí todo se tornó luz, luz para seguir caminando con la frente en alto y dejando muchas cosas atrás. Esas cosas que me hacían sentir mierda, percibir mierda, pensar mierda, tirar mierda, vivir en la mierda. Y es que fue tan feo, que ahora agradezco poder mirar al frente y seguir, aunque no esté claro el rumbo, pero con la única idea de que la prioridad es vivir, sin pesos en mi mochila. Ahora quiero darme la oportunidad, de vivir el amor. El amor de mi familia, de mis amigos, de mi gente. Ese amor que siento cada vez. Sin pensar en lo que falta, en lo que fue, en lo que se perdió. Sin culpas.
Tengo tanto para entregar, que muchas veces no supe canalizarlo, muchas veces me perdí en la obsesión de ser querida por una persona. Y aún lo busco. Aún me dejo llevar por esa absurda pasión de algo que no tiene pies ni cabeza, mi talón de Aquiles es él. No puedo explicar que me pasa, no puedo siquiera pensar en lo que busco, no espero nada y a la vez siento que lo quiero a mi lado. Cuando no está es más fuerte mi poder de buscarlo, de saber de él, de pensarlo. Cuando está soy una pendeja, entregada. Cuando está ausente, me desagrada y pienso en tenerlo. Pero sé que no puedo cambiarlo. Es mi gran debilidad. Tantas veces logré salir, tantas veces supe volver, tantas veces me prometí no sentir, tantas veces sentí, tantas veces quise escapar, tanta otras quise quedarme para siempre. Tantas veces lo amé, tantas veces lo odié.
Y después de tantas veces, ahora estoy. Pero puedo mirar al frente y sonreír.